viernes, 9 de octubre de 2015

Historia de ESPAÑA: La batalla de Lepanto


La Galera Real de Juan de Austria

Entre los siglos XIV y XVI la cristiandad se vio amenazada por los turcos del imperio otomano, que dominaban Tierra Santa, Oriente Medio, Constantinopla, Grecia, Albania, África del Norte y la Península. Muchas diócesis desaparecieron y muchos mártires derramaron su sangre. Los musulmanes controlaban el mar mediterráneo y preparaban la invasión de la Europa cristiana, mientras los monarcas de este territorio se mantenían divididos y parecían no darse cuenta.
Una gran pinza turca amenazaba gravemente Europa. Su dominio o influencia había llegado por el norte de África hasta casi Marruecos y, apuntando a Viena, hasta Hungría y Transilvania. El Papa Pío V a principios de 1571 exponía a los embajadores de España y Venecia:
“El estado de la cristiandad es de tal fragilidad que…bastaría un soplo para derribarla…agotaré los medios existentes para unir las fuerzas cristianas contra su mayor enemigo…”
El 1 de septiembre de 1571 la flota cristiana quedó lista para partir desde Mesina (Sicilia).
Así nació la Santa Liga entre el Papado, España y Venecia, con una pequeña contribución de la Orden de Malta.
El 7 de octubre de 1571 tuvo lugar la batalla de Lepanto, en la que la Santa Liga,luchó contra los turcos con un claro objetivo: destruir su escuadra para recuperar la seguridad del comercio marítimo y del cultivo en las tierras costeras.
Lepanto fue un acontecimiento decisivo para la cristiandad y para Europa.
Para entender la enorme trascendencia de aquella batalla, hay que situarse en el momento histórico:

Año de gracia de  1571. En España reina Felipe II, y España reina en el mundo, desde el Mediterráneo hasta las islas Filipinas. Pero en Oriente, precisamente al otro lado del Mediterráneo, la potencia turca es un enemigo formidable. Los turcos, el Imperio Otomano, son los herederos históricos del califato islámico, el mismo Islam que dominó España durante siglos….

Una Liga para defender la Cruz.


Felipe II y el Papa intentan organizar una gran flota para dar la batalla al Turco. Es preciso construir una alianza. La flota española es fuerte, pero no lo suficiente –recordemos que al mismo tiempo estamos en América y en Asia. Hace falta que venecianos y genoveses ayuden; pero los venecianos acarician la idea de llegar a un pacto por separado con los turcos, un pacto que les permita mantener sus rutas comerciales a cambio de concesiones o tributos. Sólo la conquista turca de Chipre, en 1570, y el posterior saqueo de Venecia, convence a los italianos de que no hay componenda posible.

Pío V redobla sus esfuerzos. Felipe II le sigue. Los reinos del norte de Europa (ingleses, alemanes) se desentienden del llamamiento papal, pero los italianos terminan secundando la idea. Hacia el verano de 1571 los cristianos componen su flota: darán la batalla en las mismas bases del Turco. Lo encuentran en las costas griegas, en el golfo de Lepanto.

Felipe II puso al frente de la flota a su hermanastro Juan de Austria, que tenía sólo 26 años, pero venía de sofocar la revuelta morisca en España y gozaba de un prestigio enorme. Junto a él estaban los mejores nombres de la Armada española: los catalanes Requeséns y Cardona y los castellanos Gil de Andrade y Álvaro de Bazán. Con ellos, el genovés al servicio de España Gian Andrea Doria, sobrino del gran almirante Andrea Doria.

Las galeras del Papa las dirigía un viejo señor de la guerra, Marco Antonio Colonna; las de Venecia, otro veterano, Sebastián Veniero, sustituido después por Barbarigo.

Y enfrente, el gran almirante turco, Alí Bajá, con un famosísimo pirata argelino, Uchali o Luchalí, y el gobernador de Alejandría, Mohamed Siroco; junto a ellos, un personaje de fábula, el renegado Pertev Pachá, cristiano convertido al Islam a quien los jefes de la Liga se la tenían jurada.

La Liga cristiana presentaba 231 barcos entre galeones y galeras, 50.000 marineros y galeotes y 30.000 soldados, de ellos 20.000 españoles. Nunca se había visto una potencia semejante en el mar.

Pero la armada turca era mayor todavía: unas 300 naves, con un número de hombres superior a 40.000 soldados, sin contar galeotes y remeros.

La mayor batalla naval librada hasta entonces.


La batalla fue el 7 de octubre. Aquí la Historia y la leyenda parecen lo mismo. Alí Bajá, desde el puente de su “Sultana”, recibió a los cristianos con un cañonazo, invitándoles a comenzar la batalla. Juan de Austria, cortés, respondió con otro cañonazo e izó su estandarte: la cruz de Cristo flanqueada por los escudos de los aliados.



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La bandera de la Galera Real

Las naves cristianas habían avanzado hasta allí formando una gran cruz. Los turcos abrieron sus barcos en una gigantesca media luna. Juan de Austria fijó en el palo mayor de su nao una gran talla del Crucificado donada por la ciudad de Barcelona.
La estrategia de la Liga consistía en encerrar a los turcos en el golfo y atacar en masa. Pero los turcos vieron el peligro y trataron de envolver al centro del ataque cristiano, que mandaba Juan de Austria, mientras los piratas de Luchalí trataban de envolver uno de los flancos cristianos para darle la vuelta a la operación: encerrar a los cristianos en el golfo. No pudieron.

La inteligencia siempre es importante en todas las cosas de la vida, y la flota española, buscando cómo hacer más daño en las filas turcas, tuvo una idea muy brillante. Hasta entonces, la mecánica habitual del combate en el mar consistía en embestir al enemigo con el espolón de proa y abordarlo después. Pero las galeras turcas eran más y estaban mejor armadas, de modo que la flota cristiana se encontraba en inferioridad tanto en potencia de fuego como en número de unidades de abordaje.
Así que a uno de los nuestros, García de Toledo, se le ocurrió que recortando los espolones podría instalarse más artillería en la proa y aumentar el fuego directo contra el enemigo justo antes del abordaje, barriendo la cubierta y reduciendo la resistencia del rival. La idea funcionó de maravilla.
El mismo García de Toledo fue quien sugirió dar la batalla lo más cerca posible de la costa griega, junto a las bases turcas, para reducir la capacidad de maniobra del enemigo; muchos marineros musulmanes, al verse en peligro y tan cerca de su costa, optaron por saltar al agua e intentar llegar a nado hasta la orilla.

Hay que imaginar el aspecto que podían ofrecer todos aquellos barcos escupiendo fuego; no sólo el fuego de los cañones, sino también el de los arcabuces, porque don Juan de Austria había mandado repartir a su cuantiosa infantería, el Tercio de Mar, por todas y cada una de las galeras cristianas, de manera que no había barco que no tuviera una buena porción de infantes disparando sobre el contrario; la infantería española y la italiana, respondieron con fuego en abundancia.

Los venecianos, todo hay que decirlo, desmintieron su fama y pelearon con mucho arrojo; su jefe, Barbarigo, murió en su puesto. Tras el choque vinieron los abordajes. La batalla duró en total cinco horas. En pleno combate, Don Juan de Austria, para paliar la inferioridad numérica, mandó soltar a los galeotes –los remeros que movían las galeras, generalmente penados- y les ofreció la libertad si se sumaban al asalto. Ni que decir tiene que todos lo hicieron.
De hecho, fue uno de estos remeros quien cortó con un hacha la cabeza del almirante turco, Alí Bajá. La Historia no ha retenido el nombre de este remero español. Lo que sí ha retenido es el nombre de un gran personaje que combatía en la galera “Marquesa”. Nos lo cuenta un documento oficial que venía a decir así:

“Cuando se avistó la armada del Turco en esta batalla naval, el tal Miguel de Cervantes estaba malo y con calentura…... el dicho Miguel de Cervantes respondió que qué dirían de él, y que no hacía lo que debía, y que más quería morir peleando por Dios y por su rey, que no meterse so cubierta con su salud. Y peleó como valiente soldado con los dichos turcos en la dicha batalla….. Y acabada la batalla, cuando el señor don Juan de Austria supo y entendió cuán bien lo había hecho y peleado Miguel de Cervantes, le aumentó cuatro ducados más de su paga. De dicha batalla naval salió Miguel de Cervantes herido de dos arcabuzazos en el pecho y en una mano, de lo cual quedó estropeado de la dicha mano. De lo cual doy fe y firmo…”

El balance de Lepanto.


Miguel de Cervantes, en efecto; que luego, en Don Quijote, recordará esta batalla como “la más alta ocasión que vieron los siglos”. La verdad es que hay pocas dudas sobre el balance de la batalla.

Los turcos perdieron 250 barcos, 130 de ellos apresados por la Liga; los cristianos sólo perdieron 17. Los turcos perdieron cerca de 24.000 hombres; los cristianos, la mitad de esa cifra.
Además, 8.000 turcos fueron apresados y su almirante y sus capitanes murieron en el combate. Todos menos el avieso pirata berberisco, Luchalí, que consiguió escabullirse antes de que acabara la batalla.
Don Juan envió al Rey el estandarte de Alí Bajá. Y a los hijos del jefe turco, apresados en la batalla, se los envió al Papa.
Fue una gran victoria. Fue también la última gran batalla naval que vio el Mediterráneo.

Después se ha hablado mucho del verdadero peso que Lepanto tuvo en la Historia, disminuyendo su importancia.
A Felipe II se le ha reprochado que no supo explotar la victoria: pudo haberla aprovechado para barrer de piratas la costa del norte de África y tomar Argel, pero no lo hizo. 
La propia Liga cristiana también pudo haber desembarcado en las costas griegas…... pero se disolvió muy poco después de la batalla.
Los venecianos no tardaron en llegar a pactos con los turcos.
Felipe II, por su parte, tenía otros problemas en Flandes y en las rutas americanas.
El Gran Turco no tardó en recomponer su flota: el Mediterráneo oriental seguiría siendo suyo.

….Sin embargo, Lepanto fue importantísimo respecto a la situación anterior:
Primero: a los turcos se les asestaba un golpe que nadie esperaba.

Segundo: las ambiciones del sultán en el Mediterráneo occidental se desvanecían.

Tercero: España manifestaba de manera muy clara su hegemonía en Europa, especialmente frente a Francia e Inglaterra.

Cuarto, y quizá lo más decisivo: la Cristiandad lograba detener el avance del Islam en un momento de gran peligro.

Después de Lepanto, ya nadie dudó de que Occidente, a pesar de sus guerras internas y sus profundas enemistades, podía defenderse contra el Imperio Otomano.

Nota: amplio resumen del brillante artículo de José Javier Esparza, en http://gaceta.es/
Por la transcripción:

F.J. de C.

Madrid, 9 de octubre de 2.015

martes, 6 de octubre de 2015

Medicina: La curación mediante plantas medicinales.Entre la ciencia y la superchería.




Sauce blanco de cuya corteza se obtuvo la Aspirina.

Cada cierto tiempo, los medios de comunicación se ven inundados por noticias o anuncios que prometen remedios milagrosos para la curación de graves enfermedades, desde curar la diabetes con Stevia rebaudiana, hasta un tratamiento para curar o prevenir el cáncer basado comer hojas de Kalanchoe (*),   en oler limones,  o un remedio contra el ébola en alguna exótica planta.
Una gran parte de las veces se escudan en afirmaciones como que la medicina moderna tiene su origen en las plantas, o que a la malvada mafia de la industria farmacéutica no le interesa que tal o cual remedio salga al mercado.Pero parece que, en realidad, las cosas no son tan sencillas.
Empecemos por el principio. El principio activo.
El principio activo es una molécula que interactúa con ciertos receptores moleculares del organismo y genera una respuesta farmacológica activa. En otras palabras, el principio activo es esa molécula que hay en todo medicamento, y que de algún modo, previene, alivia los síntomas o cura una enfermedad.
Es cierto que muchos principios activos se extraen de plantas. Sin ir más lejos, algo tan sencillo como el café contiene un principio activo conocido por todos, denominado “cafeína”, que produce efectos farmacológicos también muy bien conocidos.
El problema viene cuando intentamos determinar la cantidad de principios activos que hay en una planta. Otra cosa que debemos tener en cuenta es que todo producto químico, incluso aunque sea de origen natural, puede causar problemas de toxicidad e incluso la muerte, según la dosis a la que se administre. Con el café es difícil llegar al extremo del fallecimiento, sin embargo hay muchas plantas que son realmente peligrosas. La dosis letal—50, que se define como aquella que mata a la mitad de las personas que lo consuman, para el taxol, que es uno de los principios activos del tejo, es de tan solo 2,3 gramos para una persona de 60 kg.
La extracción y aislamiento de ese principio activo nos da otra ventaja importante: poder cuantificar con precisión cuál es la cantidad de principio activo disponible, y por tanto dosificarlo adecuadamente en función del efecto deseado y el peso del paciente. Así se produce un medicamento a partir de una planta. Así se produjo hace más de cien años la aspirina a partir de un principio activo extraído de la corteza del sauce blanco.
¿Y qué tiene que ver todo esto con que si la guanábana (deliciosa fruta tropical) es cien veces más efectiva que la quimioterapia, con que si oler limones prevenga el cáncer o con que si comer hojas de Kalanchoe  lo cure?
Fácil. Que en el mundo real, las cosas no son tan sencillas.
En primer lugar, para que una planta como Kalanchoe daigremontiana cure determinados tipos de cáncer, tiene que tener principios activos que sean eficaces contra esos tumores. Algo que no se ha encontrado hasta el momento.
Sin embargo sí que es cierto que se han encontrado unos principios activos, llamados bufadienólidos, que in vitro sí que parecen ser, potenciales agentes quimiopreventivos del cáncer. Claro que tan solo hay un artículo científico en el que soportar esa afirmación.
Suponiendo que eso sea cierto, aún queda mucho para poder afirmar que esta planta sea un remedio eficaz. En primer lugar, el principio activo tiene que ser adecuadamente ensayado in vivo, primero en animales no humanos y, si supera los controles necesarios, después en personas. Un resultado in vitro no significa que automáticamente vaya a ser eficaz en un enfermo real.
Pero incluso aunque se descubriera que esos principios activos,( esos bufadienólidos), sean eficaces in vivo, y conozcamos cuál es su dosis mínima efectiva y su dosificación óptima, y que su relación entre el riesgo de medicarse y el beneficio aportado sea aceptable, no hay manera conocida de saber qué cantidad de principios activos hay en una planta viva, y tampoco sabemos si existen otras moléculas que estén entorpeciendo o aportando unos efectos indeseados.
El proceso correcto para desarrollar un producto que realmente sea eficaz sería encontrar la forma de producir el principio de forma sintética —porque no importa que el origen sea natural o artificial, el principio activo es el mismo y su efectividad también lo es—, y si eso no es posible, que a veces pasa, el método a seguir es cultivar la planta en condiciones lo más controladas posible, y realizar una adecuada extracción, aislamiento, cuantificación y dosificación del principio activo.
En estas condiciones, su eficacia sería, sin duda, superior al de la planta en bruto, porque en todo momento se conocería la cantidad exacta de fármaco que se está metiendo al cuerpo del enfermo y se podría mantener bajo el estricto control médico, algo que es imposible de realizar en una planta cuya concentración de principios activos es muy variable, dependiente de una enorme cantidad de factores ambientales y además en la que las interacciones mucho mayores.
Así pues, cada vez que alguien diga que tal planta es beneficiosa para cual enfermedad, tenemos que preguntar muchas cosas: cuál es el principio activo que hace que eso sea así, qué otras moléculas también presentes pueden modular el efecto, hasta qué punto su efectividad está comprobada por vía experimental, cuál es la concentración media de principio activo en la planta y cuál es su posible variabilidad en función de las condiciones ambientales, cuál es la dosificación idónea para conseguir el mejor efecto al menor riesgo, cuál es el método idóneo de obtención y cuantificación del principio activo, etcétera.
Evidentemente, toda esta información no va a aparecer en un medio normal y corriente por lo que  para saber si estamos ante algo real o ante una afirmación pseudocientífica de charlatanes, cuando nos hablan de plantas medicinales lo ideal sería comprobar la bibliografía científica, revistas científicas especializadas cosa que evidentemente no está al alcance de cualquiera.
Por ello como medidas de precaución ante este tipo de noticias puede ser de utilidad analizar los  textos de los artículos en cuestión valorando:
  1. Si nos hablan de “un principio activo presente en” una planta, es mucho más fiable que si nos hablan directamente de la planta.
  2. Si nos plantean que “puede ser un remedio para” lo que sea, es mucho más fiable que si nos afirman con rotundidad que “es un remedio”.
  3. Si nos aportan estudios clínicos u otros tipos de artículos científicos es, siempre, mucho más fiable que si no lo hacen.
  4. Si nos especifican el nivel de experimentación en que se encuentran (in vitro, ensayos en animales o en humanos) es mucho más fiable que si no lo hacen, o incluso que si camuflan lo que en realidad es un resultado in vitro y provisional y lo hacen pasar como una aplicación definitiva para humanos.
Establecer claramente criterios para diferenciar el estudio científico de los medicamentos naturales y la charlatanería de herbolario es algo muy importante por dos razones: La primera, para evitar que la población sea engañada por desalmados que solo pretenden vender sus “hierbajos” a personas que necesitan ayuda médica efectiva.
La segunda es evitar que, ante resultados reales, las voces críticas se excedan en su crítica y que la investigación en una molécula potencialmente beneficiosa quede descartada a causa de la mala fama que aquellos charlatanes hayan podido esparcir.
F.J.de C.
Madrid, 6 de octubre de 2.015
Notas:
1.-  (*)  Kalanchoe es un género con alrededor de 125 especies de la familia Crasulaceae, nativas del Viejo Mundo aunque unas cuantas han sido introducidas en el Nuevo Mundo y crecen en estado silvestre.
2.- Con info recogida en “Naukas”.






lunes, 5 de octubre de 2015

Gastronomía: Los maravillosos vinos blanco gallegos.

España, uno de los mayores productores mundiales de vino desde tiempo inmemorial, es un país en el que los vinos tintos han sido siempre más apreciados generalmente que los blancos, salvo la excepción de los peculiares vinos de Jerez y los cavas y espumosos que tampoco se incluyen en esta clasificación.
La expresión: “El mejor blanco es un tinto” ha sido popular durante muchos años. Por ello, tanto dentro de ESPAÑA como en los mercados internacionales, los vinos tintos españoles eran mucho más promocionados y por ello también mas apreciados y vendidos.
No obstante, en la actualidad los vinos blancos españoles han experimentado un salto cualitativo espectacular. Viticultores y enólogos atrevidos han apostado por la elaboración de grandes vinos blancos superando el concepto de vinos blancos sencillos y refrescantes de gran éxito comercial; por ello los vinos blancos españoles pasan por un estupendo momento pues el consumo crece, las variedades se disparan y las ofertas gastronómicas para armonizar con todo tipo de platos cada vez son mayores.
En el presente artículo y siguiendo las sabias aportaciones de mi amigo gallego” Rashomón”, algunos de cuyos artículos he reproducido anteriormente en este blog, vamos a tratar de vinos gallegos, de las Denominaciones de Origen (DD. OO.) de vinos gallegos con la pretensión de ayudar al lector en general y mas en particular al  gallego no parlante a escoger un buen vino gallego para degustar algún marisco gallego, concretamente percebes y/o pulpo, o cualquier otro que se presente.
F.J.de C.
Madrid, 5 de octubre de 2.015
Así escribe Rashomón, en su blog EL CAMARÓN DE MALABO:

……..
Así, lo primero que deberá aprender del idioma galaico el ilustre lector es que Rias Baixas  es Rias Bajas en castellano y que O Rosal es El Rosal.
En Galicia existen cinco denominaciones de origen y tres demarcaciones geográficas con derecho a mención como Viño da Terra.
Las denominaciones de origen son: Ribeiro, Valdeorras, Rias Baixas, Monterrei y Ribeira Sacra., y las tres demarcaciones do Viño da Terra  son Betanzos, Valle del Miño-Orense y Barbanza e Iria,
De todas ellas, hoy hablaremos  algo más de la denominación Rias Baixas.

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La D.O. Ris Baixas comprende tres subzonas: Val do Salnés, O Rosal y Condade de Tea.
De estas tres subzonas hoy nos quedamos con O Rosal, porque queremos señalar el vino Terras Gauda...incluso aunque no sea etiqueta negra para comer marisco. No lo dude querido amigo pida Terras Gauda enfriado a 10 grados

Bodegas Terras Gauda es una bodega situada en la D.O. Rías Baixas, donde elabora grandes vinos blancos con las variedades típicas de la región: sobre todo la variedad Albariño, pero también Loureiro y Caiño. Actualmente, Terras Gauda es la bodega con mayor producción de toda la D.O. Rías Baixas y un grupo propietario también de las bodegas Pittacum y Quinta Sardonia, en la DO Bierzo y Ribera del Duero respectivamente.
HISTORIA DE LA BODEGA
Aunque su fundación sería más tarde, podemos decir que la historia de Bodegas Terras Gauda empieza en el año 1980, año en el que se constituyó la D.O. Rías Baixas y que supuso una fecha clave para el cambio de paradigma en la elaboración de vinos en la zona. Una revolución vitivinícola en busca de la calidad, apoyada desde la Administración con cursos, colaboraciones y la aportación de diversos recursos.
Con este impulso se fundan varias bodegas en el valle de O Rosal, entre ellas Viñedos do Rosal y Adegas das Eiras, con la idea de crear vinos auténticos, con mucha tipicidad.Partiendo de la excelente uva autóctona, la variedad Albariño, se empieza a combinar con otras variedades también autóctonas como el Loureiro o el Caiño, aportando así nuevos matices al Albariño.
Ya en el año 1990 estas dos bodegas se fusionan en una sola, dando origen a la actual Bodegas Terras Gauda. Se ponen en marcha las primeras plantaciones propias y se elabora la primera añada de Terras Gauda, de la que se elaboraron 37.000 botellas. A día de hoy, Terras Gauda es la mayor bodega en cuanto a elaboración de la Denominación de Origen, con aproximadamente un millón y medio de botellas anuales elaboradas en cada añada.
En el año 2002 Terras Gauda compra Bodegas Pittacum, una bodega situada en la D.O. Bierzo, donde elaborar tintos de gran calidad con uvas procedentes de cepas viejas.Más tarde, en el año 2010, se incorpora al Grupo Terras Gauda una nueva bodega. Bodega Quinta Sardonia, situada en la Ribera del Duero, donde se elaboran tintos de gran nivel procedentes de agricultura biodinámica.
FILOSOFÍA DE TRABAJO
Bodegas Terras Gauda está situada en el Valle de O Rosal, al sur de la provincia de Pontevedra, en la frontera con Portugal. Se trata de un enclave privilegiado en la desembocadura del Río Miño, con un microclima excepcional con temperaturas moderadas, temperatura media anual de 15ºC, muchas precipitaciones y escasas heladas.Un microclima que ayuda a conseguir una maduración óptima, con elevados niveles de azúcar en la uva y con una menor acidez que en otras zonas de esta Denominación.
Terras Gauda cuenta con 160 hectáreas totales de viñedo de las variedades Albariño,Caíño Blanco, Loureiro y Treixadura, plantadas en espaldera.La vendimia se realiza de forma manual y la uva se transporta a la bodega en cajas de no más de 20 Kg para evitar la rotura prematura de los granos.
Ya en la bodega, se realiza un despalillado y un posterior estrujado de la uva. Los racimos se apretan de una manera suave y se separan del raspón para evitar sabores herbáceos no deseados.La uva macera en frío, permaneciendo en contacto con los hollejos para extraer sus delicados aromas. Después la uva se prensa a baja presión con prensas neumáticas para extraer el mosto lentamente.La fermentación se produce a una temperatura controlada con levaduras procedentes de los propios viñedos.
Finalmente se realiza un “coupage” de las diferentes variedades ya vinificadas y los vinos se estabilizan en frío hasta que finalmente son embotellados.
VINOS DE LA BODEGA TERRAS GAUDA
Bodegas Terras Gauda elabora vinos blancos con variedades autóctonas de la D.O. Rías Baixas con un marcado carácter Atlántico.
Terras Gauda y Terras Gauda Etiqueta Negra son dos vinos blancos basados en la variedad reina de las Rías Baixas, el Albariño, pero con un coupage con Loureiro y Caíño. Unos excelentes representantes de esta bodega que demuestran todo su carácter.
Abadía de San Campio es Rías Baixas en estado puro, un monovarietal de Albariño de una gran elaboración.
Terras Gauda La Mar es un coupage, cuya variedad principal es el Caíño Blanco, una variedad poco común, muy delicada, pero con una gran capacidad para transmitir el "terroir".
Notas de cata: La combinación de variedades resulta sorprendente. Es un vino de gran complejidad donde la fusión de los aromas de melocotón maduro, piel de naranja y flor blanca se sustentan en sutiles recuerdos minerales y notas balsámicas (eucalipto y resina de pino). La primera sensación en la boca es amable, seguida de una agradable untuosidad. Es denso, sedoso, carnoso, con toques de mineralidad y miel. Se mastica y su fresco e intenso final nos revela su asombrosa estructura y equilibrada acidez.Gastronomía-Platos recomendados Maravillosa combinación con mariscos: ostras, almejas y cangrejo. También con la cocina asiática o con carnes blancas y arroces.
Rashomón