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viernes, 25 de octubre de 2013

Aprobación en el Congreso de la Ley Orgánica para la Mejora de la Calidad Educativa LOMCE.


I. Aprobación de la Ley.
El Pleno del Congreso ha dado luz verde el 7 de octubre de 2.013, al dictamen del proyecto de Ley Orgánica para la Mejora de la Calidad Educativa LOMCE, con el apoyo en solitario del PP, que será remitido al Senado. La norma ha contado con el rechazo de PSOE, CiU, la Izquierda Plural (IU-ICV-CHA), UPyD, PNV, Amaiur, ERC, BNG, Coalición Canaria, Compromís, Geroa Bai y la abstención de Foro de Asturias y UPN.
  El Gobierno espera que la aprobación definitiva de la LOMCE tenga lugar a finales de noviembre o comienzos de diciembre, de nuevo en el Congreso de los Diputados, para su entrada en vigor a partir del curso que viene, 2014-2015.
II. Antecedentes.

El contenido fundamental de esta Ley y comentarios al entonces Proyecto de Ley fueron tratados en este blog en los artículos de fechas 13 de mayo 2.013 y 18 de mayo 2.013; dado que no existen variaciones substanciales con su contenido final remito al lector a dichos artículos o bien al texto íntegro de la Ley  en la web http://www.mecd.gob.es
Esta ley del gobierno del PP es probablemente la mejor de todas las que se han dictado en este periodo; aunque incompleta en algunos aspectos, sin ninguna duda tiende a mejorar y resolver muchos de los problemas y disparates de las leyes socialistas anteriores.

III. Comentarios  generales.  

Teniendo en cuenta que a este gobierno le quedan aproximadamente 24 meses de vida (hasta dic.2015) esta ley solamente será efectiva en dos cursos académicos: 2.014-2.015 y el 2.015-2.016, en este ya veríamos si completo, dado que un nuevo gobierno será elegido en la nueva consulta electoral de noviembre de 2.015 y de no obtener el PP nueva mayoría absoluta sin duda alguna será derogada en el momento que la izquierda vuelva a gobernar. Se repetirá la triste historia de la ley Orgánica de Calidad de la Educación (LOCE) de diciembre de 2.002 del gobierno de Aznar que sin llegar siquiera a entrar en vigor fue derogada por Zapatero nada mas tomar posesión del Gobierno socialista en 2.004.
La oposición argumenta que esta ley ha sido aprobada sin ningún consenso pero son ellos los que dictaminan que para el tema de la educación no hay pactos que valgan; la izquierda considera el tema educativo como un monopolio y no permite la menor alteración de su influencia en el mismo.
En ESPAÑA, desde la llamada transición,  la izquierda ha renunciado a muchas cosas que eran parte de su idiosincrasia : la república y la bandera tricolor, la nacionalización de la banca, la reforma agraria, ha cambiado de OTAN NO  a OTAN SI,  pero a lo que no está dispuesta es a ceder ni un palmo es en el tema EDUCACION Y CULTURA que consideran su último reducto.
Si no está en el poder, como es el caso ahora, mediante todo tipo de revueltas, moviendo a los poderosos sindicatos y pretende conseguir movilizando a sus huestes lo que le está vetado en el Parlamento.
Pero no solamente es la izquierda la que se opone a esta Ley; los partidos nacionalistas se oponen frontalmente a perder o retroceder ni  un ápice de las competencias que les ha permitido con el sistema autonómico disponer de la escuela como una herramienta mas para el adoctrinamiento de sus ciudadanos, muchas veces en el odio a España.

IV. Huelga y manifestaciones.

El pasado jueves 24 de octubre toda la oposición y sindicatos han convocado una huelga y manifestaciones en toda ESPAÑA  de  profesores y estudiantes y padres de estos que es ya la tercera huelga contra la LOMCE desde su preparacion como proyecto.
La jornada ha acabado convirtiéndose en un lamentable espectáculo de coacción organizada, alentada por no pocos de sus convocantes y bajo la pasiva mirada de demasiados responsables académicos entre otros el rector de la U. Complutense sr Carrillo uno de los mas activos ( “ilustre” hijo del que fuera verdugo de Paracuellos, el comunista Santiago Carrillo Solares) .
Los grupos más radicales han tomado las riendas de las movilizaciones vulnerando el ejercicio del derecho al trabajo y a la normal asistencia a las clases y dominando una jornada en la que ha predominado el radicalismo ideológico. Así pues, puede decirse que la huelga en la Universidad ha estado en manos de quienes no creen en la construcción de una sociedad a partir del debate democrático, habiendo pasado a un segundo plano las posibles razones de la protesta ante el reiterado uso de la violencia y la amenaza.
Una vez más, la educación ha sido instrumentalizada por quienes lo aprovechan todo para dinamitar los derechos fundamentales y las libertades individuales y públicas.
La jornada de protesta, una jornada política,  realmente no era contra los contenidos de una nueva norma legal, que ni siquiera habían leido, pues ni uno sólo de los huelguistas y manifestantes, profesores, alumnos, padres de familia etc.de este jueves era capaz de repetir al menos dos aspectos reseñables de la nueva LOMCE, con lo que una vez mas se evidencia el nulo respeto con que se maneja a la denominada "comunidad educativa" y por otra parte la debilidad intelectual y moral de la mayoría de sus integrantes.

V. Anexo.

“Derecho de barricada”

Seguidamente  reproduzco del periódico ElMundo, el artículo del prof. José Luis Dader, catedrático de periodismo de la U. Complutense de Madrid, en el que narra la jornada “de lucha” que tuvo que vivir y padecer en su Facultad el día de la huelga:

Soy un tipo violento. Profesor de la Complutense por más señas. Ayer llego a mi Facultad y me la encuentro cerrada, con una barricada o persianas metálicas en cada acceso. Estamos en huelga por decreto. Un puñado de estudiantes, no más de 30 o 40, están distribuidos en las puertas del edificio y bloquean desde dentro con mobiliario cruzado cualquier intento de entrar en él.
Apelo a mi libertad individual para llegar siquiera a mi despacho, donde me esperan un puñado de tareas urgentes al servicio de los estudiantes (certificados de admisión en el doctorado o tonterías parecidas por las que algunos viajan de lejos o negocian dispensas laborales para resolverlas). El puñado de revolucionarios que me toca en suerte me dice que su «derecho a la educación es inalienable» y por ello no pueden permitir que nadie cometa la «indignidad moral» de saltárselo. Yo decido saltármelo, empujo el mobiliario y paso dentro. Mientras seis o siete me rodean para evitar que avance un paso más, otro me acusa de violencia y de causar destrozos en el mobiliario público (un par de papeleras se han caído al intentar yo abrirme camino). Cinco minutos antes encontré averiado el dispositivo eléctrico de entrada al aparcamiento de empleados. Se conoce que esa parte no es material público y la plancha de cristal roto atravesada contra una escalera lateral, tampoco. Podrían haberme partido la cara, pero tengo suerte, resulta que invocan a Gandhi. Se me ocurre defender a voz en grito la libertad individual y algunos sacan sus cámaras y me fotografían. Les digo que eso sí que es violencia y me responden que es sólo periodismo. Me afean incluso que un profesor en la materia no sepa algo tan básico. Por cierto, que varios de los refuerzos que han acudido a reorganizar la barrera se tapan la cara con bufandas o pasamontañas, no vaya a ser que yo haga también periodismo con ellos. Les recuerdo que las fotos de identificación en las manifestaciones era típico de la secreta franquista, del KGB, la Stasi o la policía de Pinochet y se indignan por mis odiosas comparaciones. Pienso que los polis represivos pueden copiar el hallazgo y decir que practican fotoperiodismo cada vez que toman imágenes de quienes causan disturbios. Al fin y al cabo la retórica también es pública y nadie tiene derecho a quedársela para sí solo. A todo esto, se me va el hilo de lo que escucho mientras me fijo en las cámaras y móviles que utilizan mis antagonistas para pasarme luego por sus redecillas sociales. A mí me costaría permitirme cualquiera de los modelos que utilizan, con mi congelado y disminuido salario desde hace cinco años. Pero, como me increpa alguno, ellos son hijos de madres trabajadoras que no pueden pagar las matrículas y yo alguien despreciable que vive sin necesidades. Me dejan por imposible y camino hasta mi despacho por pasillos a oscuras. La toma de la Bastilla también ha previsto que los cuadros de luces queden cortados mientras las señoras de la limpieza hacen lo que pueden en penumbra, porque a ellas la huelga, a diferencia de los estudiantes, les supondría una jornada sin salario. En vista de que no podré ni encender el ordenador, acudo a la entrada. El panorama es el mismo. La decana y la gerente están delante del piquete, pero guardan un silencio franciscano. Al menos intentan que los devotos de Gandhi no cambien de icono sobre la marcha y se organice, como alguien está recordando, lo del miércoles en otra Facultad: derribo de mesas y hasta de cafés con leche a quienes no se mostraban suficientemente solidarizados. Resulta que, en nuestro caso, la cafetería es el único lugar accesible, remanso de paz en la retaguardia porque probablemente a mitad de la acción algo habrá que respetar y será la hora del bocadillo. No me ponen trabas para salir por la puerta principal, pero tras mi paso una cadena humana se apiña para impedir que ningún otro ose utilizar el edificio público a capricho privado. Un estudiante intenta penetrar y es rodeado y repelido hasta que desiste. Me vuelve a dar otro ataque de violencia antiuniversitaria y les increpo otro poco por su tufo bolchevique, ante lo cual me cae otra lluvia de fotos. Sintiéndome un poco la estrella del día –unos cuantos profesores y funcionarios siguen la escena a prudente distancia y muda actitud–, decido irme, pues no en balde las nuevas tecnologías me permitirán la estupidez de seguir trabajando desde casa los múltiples asuntos que tengo que atender para mis estudiantes. Por el camino pienso en un detalle que olvidé preguntar a los huelguistas: ¿contra quién ejercen su protesta? Aunque, cargado de prejuicios como estoy, creo saber la respuesta. Nuestro Rector, en cambio, debe estar bien a salvo de semejante afrenta. Como carece de una uve doble en su apellido no será motivo de wergüenza. Porque además, cada vez que puede manifiesta su simpatía con quienes ejercen en nombre de todos el poder de cerrar centros y pisotear los derechos individuales de los universitarios a los que dice servir. En ésta y en anteriores ocasiones sus pactos sindicales para los servicios mínimos jibarizados contribuyen todo lo que esté en su mano para que el titular del campus sea el de la indignación contra el Gobierno. Al parecer no cabe indignarse con que, so capa de los recortes, nuestro rectorado pretenda cobrar dos veces las tasas de algunas asignaturas en los máster, y hasta le moleste que algunos profesores defiendan el derecho de los estudiantes para que no se cometa ese abuso. Tampoco parece que sea criticable que a los nuevos estudiantes de doctorado se les cobre 490 euros de matrícula y a cambio el equipo rectoral se niegue a destinar un solo euro al pago de sus actividades formativas. Ya se sabe que el voluntarismo de los profesores y el mantra del «coste cero» tendrán que obrar milagros. El dinero recaudado así –más de 60.000 euros sólo en la Facultad de Ciencias de la Información– sería ilícito que se aplicara finalistamente a actividades del doctorado, tal vez porque sea imprescindible en la nómina de altos cargos más cercanos al Rector. Pero los chicos de las barricadas no parecen saber nada de esto. Ocupados como están con el Gran Objetivo no pueden distraerse con las incoherencias del pequeño timonel. Así que se afanan y ufanan con la adquisición de nuevas «competencias y habilidades» de la subversión urbana. Lo de conocimientos no es mencionable en el repertorio lingüístico que les han inculcado los pedagogos posmodernos, que tanto les han ayudado a alcanzar su actual grado de clarividencia.
F. J. de C.

Madrid, 24 de octubre de 2.013