lunes, 29 de abril de 2013

Economía española: Programa de Estabilidad y Plan Nacional de Reformas 2013-2016.


El Consejo de Ministros del viernes 26/04/13,  aprobó el Programa de Estabilidad 2013-2016 y el Plan Nacional de Reformas que constituyen junto a su plan de actuación,  el nuevo cuadro macro económico.

El futuro que presenta dicho cuadro es un futuro sombrío, especialmente en los datos de paro, asumiéndose que no bajará  de momento y acabará la legislatura con una tasa de paro peor que con la que empezó (25,8% en 2015); dichas medidas  han sido fuertemente contestadas por todas fuerzas políticas ( a excepción del PP) y sindicales, como era de esperar.
En su análisis, no han querido valorar las circunstancias positivas que sin duda existen en el Plan,  centrando sus críticas en la magnitud del paro y pretendiendo, algunos, nada menos, que la caida del Gobierno y otros, los llamados antisistema, incluso del Régimen.
Sin embargo un análisis mas desapasionado de la situación permitiría abrigar ciertas esperanzas para el futuro basadas en lo siguiente:

1.- A diferencia de lo acontecido con el gobierno socialista, que negó casi hasta el final, la existencia de la crisis,  este gobierno está siendo muy consciente de la enorme gravedad de la misma y no duda de presentar a la sociedad las cifras en toda su crudeza a pesar del costo de imagen que ello implica; en una palabra, el Ejecutivo se pone "en el peor de los mundos" para que después, "si hay sorpresas, sean positivas".

2.- España hace un año iba abocada a un rescate y eso se ha conseguido evitar. Los riesgos hoy son mucho menores que a principios de 2012.
3.-Este Programa de Estabilidad 2013-2016 y el Plan Nacional de Reformas ha sido bien recibido en Bruselas que ha aceptado demorar la consecución del déficit del 3% sobre el PIB  a 2016 lo que representa un importante balón de oxígeno para la economía española.  
Creo interesante reproducir del diario ElMundo unas declaraciones de JÜRGEN DONGES, académico del Instituto de Política Económica de la Universidad de Colonia. Donges, casado con una española, conoce a fondo y ama nuestro país. Y desde esa cercanía observa unas reformas que podrían ir más allá vía gasto y que le parecen tibias en cuanto a las Administraciones Públicas:
Pregunta.–¿En qué momento nos encontramos en la crisis del euro? ¿Ha pasado lo peor?Respuesta.–No está superada y dudo que hayamos tocado fondo. Ya se vislumbran nuevos casos de necesidad de rescate, el primero en Eslovenia. La situación política en Italia es preocupante, es probable que el nuevo Gobierno suavice notablemente los ajustes y demore las necesarias reformas estructurales, lo cual sembrará incertidumbre los mercados. Otra incógnita es Francia, donde la economía está bastante anquilosada, el potencial de crecimiento es bajo y el presidente Hollande no se presenta como gran reformador. La calma actual en los mercados es engañosa. Se debe más que nada a que el BCE se ha comprometido a comprar sin límites deuda soberana con el fin de que los tipos de interés y la prima de riesgo no se disparen. Con ello ha dado carta blanca a los gobiernos para endeudarse, si así lo desean por motivos electoralistas, más de lo que debieran. A la larga, esta política de financiación indirecta del Estado, a parte de no ser compatible con el Tratado de la UE, crea un potencial de inflación y genera una represión financiera para los ahorradores. Es nocivo para el crecimiento y el empleo duradero. Además, la autoridad monetaria no puede resolver los problemas estructurales de fondo. Esto lo tienen que hacer los propios gobiernos; les espera una tarea de años.P.– Merkel ha dicho que el «bienestar a base de deuda es cosa del pasado», pero ¿cómo puede romper España ese círculo vicioso que se ha establecido entre deuda, austeridad, parálisis de las inversiones y recesión, que alimenta a sí mismo?R.– La clave está en restaurar en la sociedad y entre los agentes económicos la confianza. Esto requiere su tiempo, como demuestra la experiencia de otros países que han pasado por trámites similares, entre ellos Alemania hace 10 años. El Gobierno de Rajoy está haciendo un gran esfuerzo. Con el ajuste fiscal, la reforma del sector bancario y la reforma laboral ha dado pasos esenciales. Aún así, la agenda de reformas que tiene por delante es todavía larga. Lo importante ahora es no cejar y no dejarse intimidar por las protestas de la calle. Este Gobierno tiene una mayoría parlamentaria absoluta y debe hacer uso de ella. Dialogar con los demás es un buen principio democrático, pero al final del día es el Gobierno, y sólo él, quien tiene que tomar las decisiones, por duras e impopulares que sean.
P.– ¿Cómo valora el aplazamiento de los requisitos de déficit?R.– El asunto es muy delicado. El Gobierno tiene que tener mucho cuidado de que en los mercados financieros no vuelvan las dudas sobre el compromiso serio de sanear las finanzas públicas. Es verdad que la recesión dificulta reducir el déficit público. Pero también es cierto que por el lado del gasto quedan partidas improductivas, como numerosas subvenciones, y por el lado de los ingresos no se pueden descartar nuevas subidas de los impuestos indirectos, que son los que no afectan a la inversión.·«No me convence la contundencia con laque el Gobierno ha descartado una subida del IVA»P.–¿Le parecen adecuadas las nuevas medidas anunciadas ayer?R.– En vista del panorama macroeconómico desolador pero realista que el Gobierno ha trazado para esta legislatura, es positivo que no haya caído en la tentación de medidas puntuales para estimular la demanda interior, que serían un sedante transitorio. También es positivo actuar por el lado de la oferta, como el apoyo al emprendedor, la liberalización de servicios profesionales, la desindexación de la economía y la garantía de la unidad de mercado en España. Por otro lado, no me convence la contundencia con la que el Gobierno ha descartado una subida del IVA; ya cometió ese error el año pasado y tuvo que rectificar. Tampoco me tranquiliza la tibieza con respecto a avanzar con la reforma de las Administraciones Públicas y la privatización, si no eliminación, de las muchas empresas públicas existentes sin un objetivo razonable. No es suficiente con subrayar la necesidad de reformas y sentarse a esperar estudios de los expertos, pues queda en entredicho la credibilidad del objetivo.P.– ¿Cuáles son las principales reformas que quedan por hacer? Y un poco más a fondo, ¿qué debemos cambiar los españoles en nuestra mentalidad para salir de la crisis? ¿Nos veremos obligados a alemanizarnos? No sé si coincide conmigo en que Sevilla no será nunca alemana, por mucho que se esfuerce.R.– La más importante es la de la Administración Pública y la estructura de Estado. El modelo de comunidades autónomas, tal y como se ha venido practicando, no es sostenible porque invita al despilfarro en el gasto público y a una sobrerregulación que no respeta la unidad del mercado nacional. Un disparate es crear obstáculos a la actividad económica por la vía de la inmersión lingüística, como lo practican los nacionalistas catalanes. Entre los recortes de gasto público que demostrarían la determinación del Gobierno está la eliminación completa de los subsidios a los sindicatos. Deberían financiarse con las cuotas de sus afiliados; habría un fuerte incentivo para utilizar los recursos disponibles con eficiencia y organizar huelgas y manifestaciones en base a los intereses de los afiliados y no persiguiendo puros objetivos ideológicos y partidistas como acostumbran hacer los máximos dirigentes de UGT y CCOO. En cuanto a la mentalidad española, muchas familias han aprendido que no se puede vivir indefinidamente por encima de sus posibilidades. Pero no por eso van a alemanizarse. Y la preciosa ciudad de Sevilla, en la que he nacido, que siga siendo lo que es y no quiera convertirse en Hamburgo, por poner un ejemplo. La riqueza cultural de Europa descansa precisamente en la variedad de comportamientos y hábitos de los europeos. Pero la idiosincrasia de los pueblos no está reñida con la aplicación de políticas económicas y presupuestarias sólidas, si es que los políticos gobernantes dan la talla.· «Eliminar las subvenciones a los sindicatos sería una muestra de determinación en las reformas»P.–¿Por qué Alemania tiene echado el freno a la unión bancaria?R.– Esto es una leyenda. En Alemania hay un consenso general sobre la necesidad de la unión bancaria. En lo que discrepamos con algunos de nuestros socios es que haya que mutualizar la deuda bancaria del pasado. Esto es asunto de ellos. Además, no es suficiente empezar con la creación de un supervisor común, que será el BCE, si no nos ponemos de acuerdo sobre una regulación bancaria también común, sobre todo con respecto a los estándares del capital principal exigido y la ponderación de los riesgos asociados con las diferentes operaciones, incluidas la adquisición de Bonos del Tesoro. También necesitamos una regulación común sobre la reestructuración o liquidación ordenada de entidades insolventes. En otras palabras, unión bancaria europea, sí, pero hagámosla bien, con rigor profesional y sin oportunismos políticos.P.– Muchos analistas esperan que, tras las elecciones de septiembre, el Gobierno alemán será mucho más flexible.R.– Todo depende de qué coalición pueda formar Gobierno. Si repite la actual, no habrá cambios significativos. Si, por el contrario, salen vencedores socialdemócratas y verdes, Alemania adoptará posiciones de corte más keynesiano y estará más abierta a la unión de transferencias financieras y deuda mancomunada; dará el visto bueno a la emisión de eurobonos. La tercera alternativa es la de una gran coalición entre conservadores y socialdemócratas en cuyo caso Alemania mantendría en líneas generales su política actual. Las encuestas no se decantan por ninguna de estas coaliciones. Lo único que sabemos es que Angela Merkel es muy popular y su rival, el socialdemócrata Peer Steinbrück, no lo es en absoluto. Además, hay un nuevo partido euroescéptico, Alternativa para Alemania, que probablemente no consiga escaños en el Parlamento federal, pero sí podría atraer votantes de los demás partidos, en especial de los liberales, y complicarle las cosas a Merkel. La mayoría de los alemanes no somos contrarios al euro, pero se ha extendido en la ciudadanía un cierto descontento derivado de la política de rescates que amenaza con hipotecar el futuro bienestar. Este tema estará muy presente en la campaña electoral.P.– ¿Acabará finalmente la crisis del euro arrastrando a Alemania a la recesión?· «Es una leyenda que Alemania frene la unión bancaria. Hay consenso sobre su necesidad»R.– Creo que no. Las empresas alemanas están muy bien posicionadas en los grandes mercados emergentes, China el primero, lo cual ayuda a compensar retrocesos en el mercado europeo. Otra cosa muy distinta es que el período actual de complacencia en los mercados financieros termine y que surjan nuevas tensiones. Esto repercutiría negativamente en las expectativas empresariales, lo cual frenaría la inversión en capital fijo y con ello el ritmo de actividad.P.– ¿Qué opina del hecho de que los países del sur, incluida España, hayan tomado a la canciller Merkel como la mala de toda esta película?R.– Es el famoso dilema del samaritano: da una limosna al pobre y te odiará porque se siente humillado. El que Merkel sirva de chivo expiatorio es triste porque el proyecto de la moneda única se había propagado como un proyecto de consolidación de la paz intraeuropea. Lo que no es de recibo es que se le exija a Alemania una postura acomodaticia para saldar sus llamadas deudas históricas del siglo pasado. Si vamos por ese camino, ponemos en serio peligro los logros de la integración europea. Muchos países, también España, tienen un pasado.P.– Merkel considera llegado el momento de hacer mayores cesiones de soberanía a Bruselas. ¿Cómo y cuándo calcula que se producirán esas cesiones?R.– En materia presupuestaria creo que ni Alemania, ni España ni otro país traspasarán soberanía a Bruselas. Queda por ver si los gobiernos se atienen al Pacto de Estabilidad Fiscal, a la solidez en las finanzas públicas.
F.J.de C.

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